La lluvia no fue obstáculo para una verdadera fiesta ricotera. Con una puesta en escena cargada de mística y clásicos inolvidables, La Kermesse celebró una década de música, memoria y pasión redonda ante un público que desbordó el Arena Maipú.
Ni la intensa lluvia que cayó durante toda la noche logró apagar el fuego de una celebración que, desde el primer acorde, se sintió como un verdadero ritual. La Kermesse Redonda festejó sus 10 años de trayectoria con un concierto extenso y emotivo en el Arena Maipú de Mendoza, donde miles de personas se congregaron para revivir la esencia de una de las bandas más emblemáticas del rock nacional: Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota.
Integrada por figuras históricas del mítico grupo —Daniel «Semilla» Bucciarelli en bajo, Sergio Dawi en saxo, Tito Fargo en guitarra y Hernán Aramberri en percusión y programación— La Kermesse ofreció un repaso poderoso por el cancionero ricotero, con interpretaciones fieles al espíritu original pero también con una energía renovada que encendió al público de todas las edades.
A lo largo de más de dos horas de show, no faltaron los clásicos que marcan generaciones: “Juguetes Perdidos”, “La Bestia Pop”, “Ji Ji Ji” y “Un ángel para tu soledad”, entre tantos otros, coreados a todo pulmón por un público que no dejó de saltar, bailar y emocionarse. Fue una noche en la que se sintió que los Redondos siguen vivos en cada estrofa, en cada pogo y en cada mirada cómplice entre fanáticos.
El proyecto de La Kermesse nació en 2015 tras un show a beneficio, y desde entonces no dejó de girar por distintos escenarios de Argentina y Uruguay, manteniendo encendida la llama de una de las expresiones culturales más importantes del rock local. A una década de aquel primer encuentro, la banda demuestra que el legado ricotero no solo permanece intacto, sino que se renueva con cada presentación.
“La Kermesse es más que una banda: es una celebración, un reencuentro con esa música que nos marcó a fuego”, comentaba uno de sus fanaticos, con lágrimas en los ojos.
Y así fue. Porque no hay nada más poderoso que ver a miles de personas unidas por una misma pasión, cantando himnos que trascienden el tiempo y encendiendo, una vez más, el fuego de un ritual que se niega a apagarse.
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